Hace unos días, una paciente me dijo algo que me tocó profundamente el alma: “Doctora, me duele todo el cuerpo… pero mis análisis salen perfectos, siento que no puedo más, y lo peor nadie lo entiende. Mis familiares dicen que me veo muy bien, que exagero, que me deje de estar de ñoña, pero REALMENTE ME SIENTO MAL ¿Será que estoy enloqueciendo?”
En ese momento vinieron a mi mente tantos recuerdos vividos con situaciones similares que
empatice con su frustrante dolor, respire profundo para no llorar y pedí permiso para darle un cálido abrazo, en ese
momento ambas lo necesitábamos, y con mi corazón galopando rápido le dije con voz quebrada no, no te lo estás imaginando. Tu cuerpo te está hablando. Tu cuerpo, si no le pones atención también llora. Pero, ¿Qué significa que el cuerpo “llore”? Cuando no encontramos palabras para expresar lo que sentimos, cuando nos obligamos a ser fuertes o a seguir adelante sin escuchar nuestro corazón, el cuerpo toma la palabra por nosotros. Y lo hace de las formas más diversas:
• Dolor de espalda, cuello o articulaciones.
• Fatiga inexplicable.
• Insomnio persistente.
• Problemas digestivos recurrentes.
• Migrañas, palpitaciones, contracturas…
Cada síntoma es como una lágrima silenciosa que el cuerpo derrama para decir: “Algo dentro necesita ser visto.”
Se puede descubrir ¿Por qué sucede? Créeme no es casualidad. Estudios científicos ya han confirmado que las emociones afectan directamente nuestro sistema inmunológico, hormonal y nervioso. Por eso hoy en día están tan en auge las enfermedades auto inmunes y el cáncer. Por ejemplo: La Universidad de Harvard demostró que personas que reprimen sus emociones tienen un riesgo 2 a 3 veces mayor de desarrollar enfermedades crónicas como hipertensión, diabetes tipo 2 y trastornos autoinmunes. (Fuente: Harvard Health Publishing, 2022). Cuando negamos lo que sentimos, el cuerpo lo grita. Cuando reprimimos el llanto, el cuerpo lo transforma en dolor.
Cuando ocultamos el miedo, el cuerpo lo convierte en insomnio o cansancio. Una historia que me marcó Recuerdo a Ana (nombre cambiado por respeto). Llegó a mi consulta con dolor crónico en sus articulaciones, a pesar de ser joven y llevar una vida aparentemente saludable. Después de varias conversaciones y estudios, descubrimos juntas que su dolor físico escondía un duelo no elaborado: la pérdida de su padre años atrás. Su cuerpo llevaba años “llorando” aquello que ella misma no se permitía llorar.
Cuando comenzamos a trabajar no solo su cuerpo, sino también su corazón, su dolor comenzó a ceder. La verdadera sanación no siempre empieza en el cuerpo. A veces empieza en el alma. ¿Cómo empezar a escuchar tu cuerpo?
Aquí te comparto algunas claves sencillas pero muy poderosas, las he usado conmigo y mis pacientes con excelentes resultados: • Haz pausas conscientes: Regálate 5 minutos al día para cerrar los ojos y sentir tu cuerpo. • Registra tus síntomas: Lleva un pequeño diario corporal: ¿Qué sientes? ¿Cuándo? ¿Qué emoción acompaña ese dolor? • Pregúntate con amor: ¿Qué estoy necesitando de verdad hoy? ¿Qué parte de mí pide ser escuchada? • Valida tus emociones: No minimices lo que sientes. No hay emociones buenas o malas. Todas merecen que le des un espacio.
“Lo que no sanamos, lo seguimos actuando. Lo que negamos, se vuelve nuestro destino.”
Debbie FordTe invito a darle voz a tu cuerpo, para lograr cambiar tu destino hacia uno más libre, más sano, más auténtico. No ignores más tu cuerpo. ámate, no desconfíes de ti. No minimices tu dolor, tú solo tú sabes cómo te sientes. Recuerda que cada síntoma es un mensaje de amor que tu propio ser te envía para ayudarte a volver a ti.
Si quieres aprender a traducir esos mensajes, a escuchar tu cuerpo con amor y acompañarlo en su verdadera sanación, yo puedo guiarte. Te invito a agendar una consulta de valoración holística e integrativa donde, juntas, descubriremos qué está queriendo decirte tu cuerpo, y cómo podemos ayudarle a sanar. Haz clic aquí para dar el primer paso.
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Te abrazo con ternura infinita,
Dra. Lissette Hernández
