Necesitas darte un espacio, para una mirada más profunda a tu interior. Hace años, en una consulta, una mujer me dijo llorando: “Doctora, como sano, hago ejercicio, medito, tomo mis medicinas… ¿por qué sigo enferma? ¿Qué más tengo que hacer?” Pude percibir su dolor. Y su pregunta me ha quedado resonando en el alma por más de 15 años.
Hoy, después de casi 10 años de desaciertos en mí misma como paciente diagnosticada con 6 enfermedades auto inmunes, hoy me dedico a acompañar a cientos de personas en su camino de sanación, puedo decir algo importante que yo misma experimenté y lo veo a diario en mis pacientes: Estamos perdidos en la búsqueda de la salud, por eso sentimos frustración.
Sanar no siempre es cuestión de hacer más. A veces, es cuestión de mirar más profundo. No es falta de esfuerzo, es falta de integración. Pero no somos culpables, la mayoría de nosotros fuimos educados para ver la salud como un conjunto de síntomas a corregir: si algo duele, lo tapamos; si algo falla, lo reparamos. Pero la verdadera sanación no es solo física.
Sanar significa armonización integral tanto cuerpo, mente, emociones y espíritu, con lo cual equilibramos nuestro cuerpo llevándolo a elevados niveles de enérgicos, eso se traduce en paz, amor, felicidad.
¿Sabías que, según la Organización Mundial de la Salud, el 70% de las enfermedades actuales tienen un fuerte componente emocional? (OMS, 2023). Esto quiere decir que aún haciendo “todo bien” a nivel físico, pero si cargas con culpas, estrés, miedos o heridas emocionales no sanadas, tu cuerpo sigue manifestando ese dolor silenciosamente.
Mi experiencia personal Te hablo no solo como médica integrativa, sino como ser humano que ha vivido la enfermedad en carne propia: También he tenido etapas donde, a pesar de mis conocimientos, mi cuerpo me pedía parar, soltar, escuchar.
No era cuestión de más visitas a especialistas peritos, ni de analíticas, estudios dolorosos, y costosos tampoco de medicamentos, ni suplementos, ni de más actividad física, si todo eso estaba bien, pero hizo falta algo más íntimo sin intervención externa que solo requería de mí misma; era cuestión de reconocerme, de reconciliarme conmigo misma, de darme permiso de sentir, de perdonarme, de sanar por dentro. Por eso, cuando alguien llega a mi consulta diciendo “no sé qué más hacer”, mi respuesta no es agregar más a su lista. Mi propuesta es muy diferente: hacer espacio para mirar más profundo.
¿Qué puede estar pasando realmente? Aquí te comparto algunas razones por las cuales podrías sentir que no terminas de sanar, aunque hagas “todo bien”:
• Cargas emocionales no resueltas (duelos, culpas, traumas antiguos).
• Desconexión entre lo que sientes y lo que vives (vivir en modo automático).
• Falta de escucha corporal real (ignorar las señales sutiles del cuerpo).
• Autoexigencia extrema (querer “ser perfecta” incluso en sanar).
• Desalineación espiritual (vivir desconectada de tu propósito o tu fe interior).
Cada uno de estos factores no se cura solo con pastillas o dietas. Se abraza. Se acompaña. Se sana desde el amor, no desde la lucha. “No sanamos el pasado reviviéndolo, sanamos al vivir plenamente el presente.” Louise Hay.
Sanar es aprender a habitar tu presente con amor. Con cada pequeño paso, con cada respiración consciente, con cada decisión de ser amable contigo. Hoy quiero regalarte esta reflexión No estás rota. No has fallado. No necesitas hacer más; necesitas ser más compasiva contigo misma.
Si sientes que has hecho todo y aún, así tu cuerpo te habla, escúchalo como escucharías a un niño que necesita cariño, no regaños. Yo estoy aquí para acompañarte. Juntas podemos descubrir qué necesita tu cuerpo, tu mente y tu alma para sanar desde el fondo, de forma verdadera y amorosa.
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Te abrazo con el corazón,
Dra. Lissette.
